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ORTOGRAFÍA Y PRONUNCIACIÓN:
  • Ortografía: definición y utilidad
  • Faltas de ortografía en español
  • Acentuación de los verbos acabados en -uar.
  • Dos verbos: ojear
  • Ojear y hojear.
  • Pronunciación de la x (normas generales)
  • La x mexicana y otras x
  • Origen de la h española
  • Nuestra letra ñ
  • Pronunciación y avatares de la letra W
  • Pronunciación de la V
  • Abarca o avarca
  • Puyas y pullas
  • Haber y a ver
  • ¿Cónyuge o cónyugue?
  • Halla, haya o aya
  • LA VIDA DE LAS PALABRAS:
  • "El más acá" y "el más allá"
  • Álgido: de ‘frío’ a ‘culminante’.
  • ¿Por qué lo llamamos atlas?
  • Bikini: origen y variantes de la palabra
  • Lívido: de morado a pálido.
  • Maratón: origen y significados de la palabra
  • Parafernalia: significado, etimología y evolución
  • Nombres comunes procedentes de nombres propios
  • Significados y etimología de pulla
  • Etimología popular.
  • El rinoceronte, el unicornio y la abada
  • Arregostarse. Significado y usos.
  • HISTORIA DEL ESPAÑOL:
  • Nuestra letra ñ
  • Origen de la h española
  • El artículo árabe "al" en español
  • Arabismos en agricultura y jardinería
  • Meridionalismos fonéticos del español
  • Género y terminación: del latín al castellano
  • Lusismos en el español
  • Americanismos en el español general
  • Catalanismos en castellano
  • Vasquismos en castellano
  • CAPACIDAD LINGÜÍSTICA:
  • ¿Cómo se aprende un idioma?
  • Diccionarios y vocabulario personal
  • Palabras e ideas. La hipocognición
  • Metáforas en la vida cotidiana
  • La interacción de la metáfora.
  • Hablar y callar en el refranero.
  • Redundancia y pleonasmo
  • LENGUAJE Y SOCIEDAD:
  • Lenguaje y sexo. Diferencias lingüísticas entre hombres y mujeres.
  • Sexismo en el lenguaje. ¿Responsabilidad lingüística o social?
  • Lenguaje sexista y economía en el lenguaje
  • Bilingüismo y diglosia
  • LENGUAJE NO VERBAL:
  • ¿Afecto, erótica o poder?
  • Tipos de gestos
  • Gestos de contacto físico
  • Señales de unión entre personas.
  • Gestos y mentiras
  • Señales batuta.
  • Saludos: significado de su amplificación
  • El pelo y la identidad sexual
  • El pelo dice la edad.
  • La imagen del profesional
  • Comunicación no verbal: características
  • Azul y rosa: para niños y niñas
  • Símbolos del estatus social
  • SOBRE LOS SIGNIFICADOS:
  • Climático y climácico
  • ¿Qué significa álgido?
  • Álgido: de ‘frío’ a ‘culminante’.
  • Falsos amigos ingleses
  • Inerme o inerte.
  • Clima y climax
  • Pasillo y paseíllo
  • Significados de adefesio
  • Ejemplos de "adefesio" y "ad efesios"
  • Parafernalia: significado, etimología y evolución
  • Lívido: de morado a pálido.
  • Maratón: origen y significados de la palabra
  • Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros.
  • Problema, problemático y problemática
  • Accesible y asequible
  • LÉXICO ESPECIALIZADO:
  • Los sonidos de los animales domésticos
  • Los sonidos de los animales salvajes
  • Insultos animales
  • SOBRE EL GÉNERO:
  • Género y terminación: del latín al castellano
  • Masculinos terminados en -a
  • Otros masculinos con -a final
  • Femeninos terminados en -o
  • Tequila: ¿masculino o femenino?
  • Libido: género y significado.
  • Maratón, ¿masculino o femenino?
  • Modista o modisto
  • Manita o manito
  • Monomarental o monoparental
  • FRASEOLOGÍA:
  • Convidado de piedra.
  • El nudo gordiano
  • Hacer novillos
  • Otras expresiones para "hacer novillos"
  • El talón de Aquiles
  • Tener ínfulas
  • Brotes verdes
  • Que en paz descanse
  • La espada de DamoclesExpresiones taurinas
  • Poner los cuernos. Origen de la expresión
  • Dar calabazas
  • Victoria pírrica y significado de "pírrico".
  • Gramática parda
  • DUDAS Y ERRORES:
  • El políglota autodidacta
  • Adlátere
  • Nominar, nominación y nominados
  • Diferencia entre "demás" y "de más"
  • Diferencias entre aquí y acá
  • Idiosincrasia: significado y formas erróneas
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  • El lenguaje del abanico

    El llamado lenguaje del abanico consiste en una serie de señas que las mujeres de los siglos XVIII y XIX utilizaban para comunicarse con sus pretendientes o amantes.

    Esta puede ser una recopilación de los principales mensajes que podían transmitirse mediante el lenguaje del abanico:

    Para responder escuetamente a una pregunta pendiente:
    : Cerrar el abanico lentamente o apoyarlo abierto sobre la oreja o la mejilla derecha.
    No: Cerrarlo rápida y airadamente o apoyarlo abierto sobre la mejilla izquierda.

    La mujer podía mostrarse dispuesta a iniciar una relación de diversas formas:
    No tengo novio: Abanicarse lentamente sobre el pecho.
    Deseo conocerle o tener novio: Llevar el abanico cerrado, suspendido de la mano izquierda.
    Usted me resulta simpático: Darse repetidos golpecitos en la mano izquierda.
    O informar a un pretendiente de que está comprometida abanicándose con movimientos cortos y rápidos sobre su pecho, o abriendo y cerrando rápida y repetidamente el abanico.

    La mujer podía hacer peticiones o invitaciones discretas al amante:
    Espéreme: Abrir el abanico despacio y mostrarlo.
    Sígame cuando me vaya: Sostener el abanico con la mano derecha delante del rostro o los ojos.
    Escríbame: Golpearse con el abanico cerrado en la mano izquierda.
    Venga a hablar conmigo: Abrir el abanico con la mano izquierda; contar las varillas pasando los dedos por ellas o simplemente poner el dedo sobre el borde de las varillas.
    Estoy impaciente: Juguetear con el abanico o golpear con él un objeto.
    Quiero que me bese: Apoyar el abanico sobre los labios.

    También advertía al pretendiente para que fuera discreto:
    Cuidado, nos están observando: Mover el abanico con la mano izquierda o cubrirse los ojos con el abanico abierto.
    Cuidado, mi familia me vigila: Apoyar el abanico cerrado en la mejilla derecha.
    No reveles nuestro secreto: Deslizar el abanico sobre la oreja derecha.

    Se podían hacer preguntas simples, que el amante debería responder de forma discreta:
    ¿Me quieres? Presentando el abanico cerrado.
    ¿Cuándo te puedo ver? Cerrando el abanico mientras se toca los ojos.
    Se manifestaba inseguridad o dudas sobre las intenciones del pretendiente y su fidelidad:
    Estoy pensando si te quiero: Darse golpecitos lentamente en la palma de la mano con el abanico.
    Dudo de tu amor: Abanicarse rápidamente.
    No me fío: Apoyar los labios sobre el abanico.
    Estoy celosa: Darse golpecitos con el abanico en el vestido.
    Sospecho que me estás siendo infiel: Tocarse con el abanico la punta de la nariz.

    Mediante el lenguaje del abanico se hacían reproches al amante:
    Eres cruel: Abrir y cerrar lentamente el abanico.
    Has cambiado: Pasarse el abanico por la frente.
    Estás flirteando con otra: Pasar repetidamente el abanico de una mano a otra.

    Para declararse, había un amplio abanico de posibilidades y matices:
    Me gustas: Abrir y cerrar el abanico y ponerlo en su mejilla.
    Pienso en ti todo el rato, no te olvido: Colocar el abanico en la sien y mirar hacia arriba o mover el flequillo con el abanico.
    No dudes de mí: Apoyar en los labios el abanico abierto.
    Sufro, pero te amo, te pertenezco: Dejar caer el abanico al suelo.
    Te quiero: Pasarse el abanico por la mejilla o cubrirse los ojos con él abierto.
    Te amo intensamente: Abanicarse muy rápidamente.
    Te amo con locura y sufro por tu amor: Apoyar el abanico sobre el corazón o el pecho.
    Mi corazón es solo tuyo: Entregar el abanico al amante. Pero si este lo rechazase, la mujer dejaría el abanico suspendido y abierto del revés, para manifestar: Sin tu amor prefiero morir.
    Soy toda tuya: Apoyar el abanico cerrado en la mejilla izquierda.
    Me casaré contigo: Cerrar el abanico sobre la mano izquierda.

    Para enviar un beso, se cubría la boca con el abanico abierto mientras miraba al amante.

    Se enviaba información para posibles citas con el amante:
    No saldré de paseo: En una reunión, cerrar el abanico y guardarlo. Para informar desde casa al amante que está en la calle, dejar el abanico cerrado en el balcón o salir mostrándolo cerrado.
    Hoy saldré de casa: Las señales contrarias a las anteriores. En una reunión, sacar ostentosamente el abanico del bolsillo. Para enviar el mensaje desde casa a la calle, dejarlo abierto en el balcón o salir a él abanicándose.
    Estoy sola: Cubrirse la boca con el abanico abierto.
    Indicar la hora de la cita: Abrir un número determinado de varillas o contar ese número tocando las varillas con el dedo.

    Al igual que con las declaraciones, para rechazar al pretendiente o al amante había numerosas posibilidades y matices:
    Me resultas indiferente: Apoyarse el abanico cerrado sobre la frente.
    No me interesas: Abanicándose lentamente.
    No me gustas: Girar el abanico con la mano derecha o protegerse los ojos del sol con el abanico abierto.
    Estoy comprometida o amo a otro: Llevar el abanico cerrado y suspendido en la mano derecha o moverlo con la mano izquierda.
    Es mejor que me olvides: Mantener el abanico abierto con las dos manos.
    Vete, por favor: Pasarse el abanico por los ojos.
    No quiero saber nada de ti: Pasar o mantener el abanico sobre la oreja izquierda.
    Todo ha terminado entre nosotros dos, adiós: Cubrirse parte del rostro con el abanico abierto o entregar el abanico a la madre o a quien la acompañe.
    Todo se acabó, te odio: Arrojar el abanico.
    ¿Pero existió realmente el lenguaje del abanico? Aunque se escribieran tratados que intentaban codificarlo, en realidad no puede decirse que existiera “un lenguaje del abanico”. Si hubiera tenido un código fijo o estable que respondiera a los significados que se dan en numerosos libros, no hubiera cumplido su función de comunicación secreta. Creemos que más que un medio de comunicación, el abanico era un arma de seducción al alcance de todas las damas por tratarse de un artículo de lujo del que no se separaban.
    “Nada mejor que un abanico para acompañar el melindre y la afectación de las petimetras, sus manejos medio audaces, medio pudorosos; pieza indispensable, en una palabra, para estimular las relaciones iniciales con el cortejo o aspirante a tal. [...] A la sombra del abanico, en efecto, se deslizaban confidencias y atrevimientos, se desgranaban risas, se disimulaba el rubor, se enviaban miradas prometedoras y se acercaban los rostros.” (C. Martín Gaite, Usos amorosos del dieciocho en España, 1972).
    Lo más probable es que cada pareja creara su propio código, con mensajes adaptados a sus necesidades de comunicación. Estas no serían las mismas entre dos jóvenes solteros que entre dos personas casadas manteniendo una relación adúltera. De hecho, en los tratados sobre lenguajes secretos encontramos numerosos gestos a los que se les atribuyen diferentes significados.
    Recopilación realizada a partir de la información obtenida en las siguientes fuentes:
    “El lenguaje de las flores y el de las frutas” Florencio Jazmín, Barcelona, 1870
    “Lenguaje del abanico” www.protocolo.org www.ladanza.com www.todoabanicos.com (v. diciembre 2013)
    “Fans” Alexander F. Tcherviakov.

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    La samba o el samba carioca

    ¿Cómo se dice: la samba o el samba? Referida a la 'música o danza brasileñas' podemos encontrarnos samba tanto en género masculino como femenino.
    En el Diccionario de la Real Academia (DRAE) se recoge como femenino desde la primera inclusión de la palabra, en la edición Manual de 1985; pero la misma Academia, en su Diccionario Panhispánico de Dudas, reconoce que en algunos países de América se usa normalmente en masculino, como en portugués, de donde procede el término.

    La palabra samba se introdujo en español en los años veinte, poco después de aparecer este tipo de música en Río de Janeiro. La primera aparición en el CORDE (ya como femenino) es de 1928, en Guatemala:
    Antes escribí contra las fiestas infantiles donde se baila desde la samba negra hasta el tango argentino (Miguel Ángel Asturias, Palpitaciones y silencio [París 1924-1933. Periodismo y creación literaria], Guatemala, 1928)
    A favor de que se tomara en género femenino contribuyó su terminación en –a y que entrara en correlación con los nombres femeninos de otras músicas, danzas o bailes: salsa, rumba, cumbia, jota, etc. Este femenino parece suponer un sustantivo omitido del tipo danza o música.
    En Hispanoamérica, samba se usa invariablemente como femenino en los países más alejados de la influencia brasileña: México, Puerto Rico, Estados Unidos, Centroamérica, Colombia, Venezuela, Ecuador o Perú:
    Carlos Fuentes, La región más transparente, México, 1958
    Paulo Antonio Paranaguá, Arturo Ripstein, México, 1997
    En la prensa mexicana recogida por el CREA: Excélsior (2000) y Proceso (1997)
    Guillermo Cotto-Thorner, Trópico en Manhattan, Puerto Rico, 1951
    El Tiempo, “Los franceses decubren a colón”, Colombia, 7-1-1988)
    Sol de Margarita, “Y sonó la samba”, Venezuela, (19-6-2013)
    Elsalvador.com, “En El Salvador no se baila samba”, El Salvador (30-4-2009)
    La Hora Nacional, “Una forma de vida”, Ecuador (15-6-2013)
    En España, desde que empezó a aparecer habitualmente la palabra, a mediados del siglo XX, siempre se ha utilizado como femenino, la samba, tanto a nivel popular como por parte de los escritores: Fernando Chueca-Goitia (El semblante de Madrid, 1951), Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama, 1956), Miguel Delibes (Diario de un emigrante, 1958). Esto no ha impedido que Torrente Ballester, en su obra Filomeno, a mi pesar, empleó samba como masculino:
    Empezó a sonar un samba. […] Bailaba el samba con esa sensualidad que sale de la tierra […] la que bailaba el samba para mí,… (G. Torrente Ballester, Filomeno, a mi pesar. Memorias de un señorito descolocado, España, 1988)
    En Argentina y Uruguay, países limítrofes con Brasil, y en Cuba, samba suele presentarse como sustantivo masculino. Es posible que en un principio se tomara la palabra con el masculino etimológico, como en portugués, y después se asentara como un recurso de desambiguación. El masculino, el samba, permite diferenciar la danza brasileña de otra danza, propia de Argentina, llamada la zamba, pronunciada /la samba/, por seseo. En Argentina, ha tenido más peso este recurso de desambiguación que la tendencia analógica a agrupar como femeninos a todos los sustantivos en –a referidos a danzas.
    En Uruguay y Cuba también se mantiene el masculino etimológico, aunque no parece deberse al recurso de la desambiguación con la zamba, danza ajena a su cultura. En Uruguay puede influir su posición geográfica y las estrechas relaciones con Argentina; y en Cuba su relativo aislamiento cultural, derivado de la situación política en la que vive.
    El samba y el choro, en el mes brasileño (Lanación.com, Argentina, 25-9-2007)
    El samba, expresión folklórica de fecha aún reciente —los entendidos la fijan en 1917— es la crónica diaria de la vida carioca. (Revista Primera Plana, Argentina, 4-1-1966; visto 16-5-2013)
    João Gilberto susurraba el samba de una nota só, en el Carnegie Hall… (Eduardo Galeano, El futbol. A sol y sombra, Uruguay, 1995)
    En Argentina, junto al uso mayoritario de el samba, no es raro encontrar la forma femenina, la samba, en algunos medios de comunicación:
    Un enorme incendio destruye la ciudad de la samba en Rio de Janeiro (Edición UNCUYO 7-2-2011, Universidad Nacional de Cuyo)
    Boca se prepara al ritmo de la samba brasileña (La Razón 15-7-2011)
    En Paraguay y Chile frecuentemente aparece el masculino el samba, que fue la forma general hasta hace pocos años. Actualmente predomina el femenino la samba, impulsado, desde la inclusión de la palabra en el DRAE (1985 M, 1992 U), por la norma académica, y sin el obstáculo del posible homófono la zamba, ‘danza argentina’, que no aparece en su habla cotidiana.
    El samba está triste con la muerte de Caymmi (abc.com.py, Paraguay, 17-8-2008)
    Cada escuela desfilará […] al frenético ritmo de la samba (Paraguay.com, Paraguay, 13-2-2013)
    En medio del samba institucional, [...] Deportes La Serena tendrá que apurar no sólo sus trabajos en la parte física, sino que también en lo táctico y futbolístico (diarioeldia.cl; Chile, 20-6-2013)
    Un grupo de trasnochadores baila, salta y canta al son de una samba. (Julio López Navarro, Clásicos del cine, Chile, 1996)

    Otras acepciones de la palabra samba, no recogidas en el DRAE, en masculino o femenino, según el sustantivo omitido que debería acompañarla son:
    La samba es una madera blanda, suave y económica, lo cual la hace de ella una especie ideal para fabricar listoncillos y molduritas de pequeña sección.
    En medicina, la samba es la pérdida de control motor que suele preceder al síncope durante una apnea demasiado prolongada.
    En informática, el samba es un sistema informático de redes de código abierto.
    El Samba fue un automóvil turismo fabricado por Talbot en los años 80.

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    El lenguaje del llanto

    ¿Qué es el llanto? ¿Por qué lloramos? ¿Para qué sirve llorar desde el punto de vista comunicativo?
    El llanto es la primera manifestación de lenguaje humano. Es un lenguaje natural y exclusivo de la especie humana: en cuanto nacemos, empezamos a llorar. Si un niño no llora al nacer, se plantea un grave problema para su vida, porque nos estaría indicando que el aire no ha entrado en sus pulmones o que su cerebro no percibe las nuevas sensaciones que no podía experimentar en el seno materno. Podría considerarse que ese llanto es el preludio de lo que nos espera en este valle de lágrimas porque, como dejó escrito el autor anónimo de la Crónica incompleta de los Reyes Católicos (1469-1476), “con lagrimas venimos al mundo y con ellas en él vivimos, y llorando nos vamos dél”.

    El llanto casi siempre procede de un deseo insatisfecho y representa una respuesta emocional a una situación de sufrimiento, pero las personas aprendemos a usarlo con múltiples variantes, para aprovechar sus posibilidades de manipulación, interacción social y comunicación afectiva. Podemos contener el llanto o forzarlo; modularlo con diferentes intensidades y entonaciones; acompañarlo con otras manifestaciones físicas (lágrimas, aspavientos, golpes de pecho...). Todo ello, en función de nuestra conveniencia personal y de las costumbres sociales y culturales en que nos desenvolvemos; El llanto transmite vulnerabilidad, sumisión o dolor, por lo que puede inhibir la agresividad de los demás y despertar su compasión y consuelo. Psicológicamente, es la actitud de los demás con respecto a nuestro llanto, lo que puede llevarnos a un mejor estado emocional, no el llanto en sí. Es decir, lloramos para comunicarnos.
    El primer llanto parece común para todos, independientemente de nuestra condición personal, familiar, social o cultural . Sin embargo, un estudio científico coordinado por la Universidad de Würzburg, afirma que el llanto de los bebés de cinco días ya está condicionado por su idioma materno. Como, desde el útero, los niños perciben las diferentes entonaciones características del idioma materno, es posible que, al nacer, traten de reproducir esos patrones acústicos para aumentar el vínculo afectivo de la madre.
    Durante los primeros meses de vida, el llanto es la principal, casi única, forma que tiene el niño de decir lo que le ocurre, y los padres suelen aprender muy pronto su significado en cada situación: demanda de alimento, de aseo, de afecto, manifestación de dolor, de miedo, etc.

    Un poco más adelante, cuando los niños empiezan a hablar, lo utilizan a menudo para expresar su frustración y su enfado; y rápidamente descubren que es un arma muy eficaz para manipular a los adultos.

    Con la edad, tendemos a limitar e incluso a prescindir de este medio de comunicación. Es cierto que nuestro lenguaje va cubriendo las necesidades comunicativas que desempeñaba el llanto infantil, pero las principales causas de su abandono con de tipo cultural. En nuestra sociedad, la frecuencia del llanto en una persona depende de su entorno familiar y social y, muy especialmente, de si es un hombre o una mujer.

    Externamente, el llanto se manifiesta de tres formas: con sonidos de una determinada melodía y ritmo; con gestos de la cara y los ojos; y con la segregación de lágrimas. No siempre se dan las tres formas de forma conjunta: podemos prescindir de cualquiera de ellas y, cuando ello pasa, los efectos emocionales suelen ser más intensos.

    Algunos tipos de llanto:
    Llanto de supervivencia del bebé para empezar a respirar.
    Llantos infantiles angustiosos por un fuerte dolor.
    Llantos histéricos y forzados de niños que quieren llamar la atención de sus padres.
    Llantos de frustración del niño a quien se le niega un capricho o del estudiante suspendido.
    Llantos de felicidad y emoción del deportista ganador o de los amantes reencontrados.
    Llantos de impotencia ante la enfermedad y el sufrimiento.
    Llantos angustiados de los padres ante la adversidad de sus hijos.
    Llantos fúnebres emocionados por la muerte de un ser querido.
    Falsos llantos histéricos de las plañideras.

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    Diferencias entre "conque", "con que", "con qué" y "conqué"

    Es frecuente la confusión ortográfica entre estas formas: ¿Se escribe junto o separado?, ¿con acento o sin acento?. Para saber cuál debe utilizarse en cada caso hay que tener claro lo que expresa cada una de ellas. En un mismo enunciado pueden concurrir más de una: “¿Conque no sabes con qué aceite freír las patatas con que vas a servir la carne?”
    Veamos las diferencias y sus usos. CONQUE: una palabra átona.
    Es una conjunción ilativa (o consecutiva) que introduce una conclusión en vista de lo expresado anteriormente. Puede sustituirse por “así que, de modo que, por tanto, por consiguiente”:
    “Yo soy el único de esta casa a quien ella tiene que pedir permiso, y el que se lo concede... conque ¡métete en tu cuarto y no aúlles más!” (Carmen Laforet, Nada, 1945)
    “Estoy esperando a que todo esté más sereno para hablar yo con papá, conque no conviene que se enfaden también conmigo ahora.” (C. Martín Gaite, Entre visillos, 1958)
    A menudo, introduce una pregunta que busca la confirmación de lo ya sabido o expresado anteriormente. Se trata de una pregunta retórica que suele implicar una censura o reproche al interlocutor:
    “-No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere? ¿conque he de morir ente de ficción?” (M. Unamuno, Niebla, 1914)
    “Después de la cuenta de las ovejas, si es que faltaban, el caporal se ponía a regañar criando cólera: ‘Conque el rayo, conque la helada, conque el zorro, ¿no? Sabidazo, ladronazo, te las comes y todavía mientes.’” (Ciro Alegría, El mundo es ancho y ajeno, 1941)
    Menos frecuentemente, la pregunta o exclamación que introduce conque expresa pura sorpresa:
    “Y exclamó, entusiasmada la joven: "¡Ya Alah! ¡oh mi señor! ¿conque eres tú el hermoso Sonrisa-de-Luna, sobrino de Saleh e hijo de la reina Flor-de-Granada?" (V. Blasco Ibáñez, Traducción de Las mil y una noches, 1916)
    En el lenguaje coloquial, puede ser un simple apoyo a la frase que introduce:
    “-¡Cómo! ¿Y quién le ha dicho semejante cosa? -Tu madre, esta mañana. Y conque por lo visto al Manolo no le hace gracia que sirvas en las mesas.” (R. Sánchez Ferlosio, El Jarama, 1956)
    CONQUE: una palabra con acentuación llana.
    Es un sustantivo coloquial o familiar, con plural conques, que significa ‘condición con que se hace o se promete algo’ o ‘ quid, esencia, punto más importante’ [no incluido en DRAE]
    “…testó él que era el dueño de todo a favor de su esposa, con el conque de que si ella moría su herencia pasaba a los paisanos.” (Miguel Ángel Asturias, El Papa Verde, 1954)
    “…todo el toreo se encarrila a preparar al toro pa la muerte, pa matarlo a ley, y aquí está el conque de lo que digo...” (A. Díaz-Cañabate, Paseíllo por el planeta de los toros, 1970)
    Al parecer, en Colombia, significa ‘acompañamiento’ de una comida:
    “['conque'] designa acompañamiento en nuestra tierra [Colombia], como cuando el amigo Lugo decía en Tocaima, hace cinco años, que el conque del chocolate son el bizcocho y los patacones [rodajas de plátano frito] de Neiva.” (Marco Fidel Suárez, Sueños de Luciano Pulgar, III, Colombia, 1923)

    CON QUE: secuencia átona de la preposición con y el relativo que.
    Se reconoce porque se puede introducir un artículo entre las dos palabras (con el que, con la que, con los que, con las que) y sustituir el relativo que por otros como “el cual, la cual, los cuales, las cuales”.
    “Su falta de retórica, la pulcritud con que se ceñía a lo concreto, […] inspiraban una confianza casi irresistible.” (Lorenzo Silva, El alquimista impaciente, España, 2000)
    “Desde el martes no habían dejado […] de oírse las explosiones con que los republicanos -volando puentes, cortando comunicaciones- trataban de protegerse la retirada…” (Javier Cercas, Soldados de Salamina, 2001)

    CON QUE: secuencia átona de la preposición con y la conjunción que.
    Introduce oraciones subordinadas sustantivas y no permite intercalar el artículo entre las dos palabras.
    Muy frecuentemente forma una locución conjuntiva condicional, equivalente a “con tal de que”. En este caso, la subordinada puede transformarse en una construcción de infinitivo.
    “…con que dejara de fumar, se despreocupara un poco de las cosas y se tomara unas vacaciones de verdad, recuperaría la normalidad y eludiría cualquier peligro de recidiva.” (Gregorio Salvador, El eje del compás, 2002) [= Con dejar de fumar...; =Con tal de que dejara de fumar...]
    “Usted no se mueva, con que haga lo que le digo me basta.” (Luis Mateo Díez, El oscurecer, 2002) [=Con tal de que haga...; con hacer lo que le digo, me basta]
    También aparece esta secuencia cuando la subordinada sustantiva es un suplemento o complemento de régimen exigido por el verbo. En este caso, puede sustituirse por “con + pronombre tónico” (por ej.: “algo”, “eso”).
    “Me dormí y me desperté muy tarde, y me encontré con que la monja y Catalina se habían marchado” (Pío Baroja, Zalacaín el aventurero, 1909) [=me encontré con eso]
    “¡Y ahora sale con que su señora mamá es muy rica!” (B. Pérez Galdós, Napoleón en Chamartín, 1874) [=Sale con eso]

    CON QUÉ: secuencia tónica de la preposición con y el pronombre interrogativo o exclamativo qué.
    El pronombre puede estar agrupado o no con un sustantivo.
    Las interrogativas pueden aparecer en estilo directo o indirecto y las exclamaciones no tienen que estar necesariamente marcadas con signos de puntuación:
    “Y, además, que me rompes el traje y ¿con qué vuelvo a la fiesta?” (Juan García Hortelano, El gran momento de Mary Tribune, 1972)
    “No sé con qué motivo se celebraba allí en ese instante un acto presidido por don Miguel Cruchaga Tocornal. (Pablo Neruda, Confieso que he vivido, 1973)”
    “Cuando se murió, la llevaron a enterrar, ¡y con qué poco cortejo!, a un pequeñísimo cementerio solitario,” (Mª Teresa León, Memoria de la melancolía, 1970).
    “Igual que aquella vez, siendo pequeñísima, había casi llorado a media noche por no ver la cara de mi madre ante la visión diabólica del "Fausto" –con qué ternura entonces, [...] Con qué terror ahora.” (Rosa Chacel, Desde el amanecer. Autobiografía de mis primeros diez años, 1972)

    CONQUÉ: una palabra con acentuación aguda.
    Es una forma no habitual. Según el DRAE, es un sustantivo que en El Salvador, significa ‘comida con la que se acompañan las tortillas de maíz’; sentido que puede relacionarse con el conque de Colombia, mencionado más arriba.
    En el CORDE, junto con formas erróneas, encontramos ejemplos de conqué con otros sentidos:
    “Y les contó él cómo la había hallao y que la tenía allí con el conqué de ser su esposa. Y ellos le dijeron que no, que no se podía casar con ella.” (Anónimo, Cuentos populares españoles, CSIC, 1946)
    “Mucha plata y mucho conqué. Narcisa sirve, hecha un primor.” (Tomás Carrasquilla, La marquesa de Yolombó, 1928)
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    Troika o troica

    ¿Qué es la troika? ¿Por qué la llamamos así?
    El significado más frecuente de troika, o troica, es la de ‘equipo dirigente formado por tres personas u organismos entre los que no existe diferencia jerárquica’. Equivale en muchas ocasiones a un triunvirato, pero el olvido de la cultura clásica permite que se esté imponiendo el uso de troika.
    En los últimos tiempos, y en el contexto de la crisis económica europea, suele referirse al equipo formado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, que se encargan de imponer y supervisar las medidas económicas para combatir la crisis:
    “Este lunes regresan a Portugal los técnicos de la Troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo) para discutir con el gobierno portugués las nuevas medidas de austeridad.” (El Mundo, España, 2013)
    La ortografía académica (Dicc. Panhispánico de Dudas) aconseja escribirlo con k, (aunque en el Diccionario Académico de 2001 parece preferir la variante troica) y prescribe que no se incluya ninguna tipografía específica (ni comillas ni cursiva), por ser una palabra integrada plenamente en el idioma.
    Es una palabra de origen ruso (тройка) que significa ‘trío, tríada, terna’ y que originariamente designaba ‘al tiro de tres caballos y por extensión al carruaje grande, montado sobre patines, que es tirado por tres caballos de frente’. Estas definiciones (con grafía troica)son las que recogen el Diccionario de María Moliner [1966-67] y los DRAE usuales de 1985 y 1989), aunque encontramos su uso en español desde finales del siglo XIX:
    “¿Saben ustedes lo que es una troika? Pues una troika, que en nuestro idioma equivale poco más o menos a la locución ‘trinidad’, es un tiro de tres caballos.[…] Dada esta explicación, diré que, invitados a cazar osos en las cercanías de Moscou, salimos varios amigos en trineo-troika.” (Quito, “Desde Rusia”, Revista Blanco y Negro, 21-1-1893)
    “Su corazón galopaba con la furia y la rapidez de una troica.( ¡Qué bien hace este término ruso metido aquí de pronto!)” (Enrique Jardiel Poncela, “El nihilista que tenía padre”, Revista Blanco y Negro, 9-9-1928)
    A partir de la Revolución Rusa, se empezó a usar el término metafóricamente para designar al tipo de organización política formada por tres dirigentes. Creemos que se originó en la propia Rusia, cuando Iósif Stalin, Grígori Zinóviev, Liev Kámenev formaron un triunvirato en 1922, tras el abandono de Lenin, para dirigir el Partido Comunista, y el Estado. En ese mismo país y época, troika podía referirse al grupo de tres personas al servicio del NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) encargados de castigar extrajudicialmente a los disidentes políticos.
    Durante los convulsos años 30 se extendió el uso del término dentro del ámbito político, con connotaciones positivas o peyorativas, según la ideología de quien lo utilice:
    “La alianza de Kameneff y Zinovieff contra Stalin revela bruscamente el desacuerdo que maduraba hacía largo tiempo ya entre los compañeros de tiro de la ‘troika’”. (Curzio Malaparte, Técnica del golpe de Estado, 1931, traducción de Julio Gómez de la Serna)
    “…se deduce que la troika, Zinovieff, Stalin y Kameneff, únicamente creían en aqul tiempo en la revolución democrática…” (Julio Álvarez del Vayo, Siluetas (URSS), 1937)
    “En cada localidad o circunscripción debe nombrarse una “troika” local (Comité de tres), cuyos tres miembros se pondrán en contacto con la”troika” nacional, que residirá en Madrid.” (Mauricio Karl [M. Carlavilla], Revista Blanco y Negro, 2-2-1936)
    En la relativa popularización del término en España (aunque referido al tipo de trineo), influyó el estreno en 1930 de la Troika, una película de ambiente ruso, que la propaganda calificó como “el primer film sonoro ruso”, aunque realmente era francés. (IV Congreso de la AEHC)
    Posteriormente el empleo de troica, como término político, se especializó en la referencia a los sucesivos equipos dirigentes de la Unión Soviética, formados por el presidente de la República, el jefe de Gobierno y el secretario general del Partido Comunista:
    “Pudiera ser que, además, [Brejnev] pasase definitivamente de la dirección colegiada -mantenida en la troika que se formó a la sucesión de Krushov junto a Podgomy y a Kossiguin- al mando personal.” (El País, España, 1977)
    No obstante, durante la dictadura franquista y la censura política en prensa, se llamaba troika o troica a los tríos de personas u organizaciones que no eran afines al régimen franquista. La connotación peyorativa se reforzaba apuntando al peligro comunista o a la falta de orden:
    “Está confidencialmente confirmado que en Italia ha sido constituida una organización clandestina denominada Troika, compuesta de elementos rusos, yugoslavos e italianos, para cumplir, a las órdenes del Gobierno ruso…” (ABC, Madrid, 7-12-1946)
    “El Gabinete wilsoniano incorpora una troica de dirigentes de la extrema izquierda.” (ABC, Madrid, 6-3-1974)
    “Dos caballos de la troica –Sindicatos y empresas– tiran de la economía hacia metas opuestas. El otro, el Gobierno, sigue practicando el arte de la meditación.” (ABC, Madrid, 10-1-1975)
    El término se revitalizó cuando, tras el Informe de Londres [1981], en la Unión Europea se estableció la troika comunitaria, formada por tres países: el que ejercía la Presidencia del Consejo, el saliente de la Presidencia y el que iba a ejercerla a continuación:
    “…la reunión celebrada entre Bangkok entre los países que integran la “troika” comunitaria (Alemania federal, España y Grecia) y ASEAN (países del sureste asiático)...” (ABC, España, 1988)
    Posteriormente, como consecuencia de diversos Tratados (Amsterdam, 1999; Lisboa, 2007) ha ido cambiando la composición de esa troika comunitaria, que representa a la Unión Europea en las relaciones internacionales.
    Una vez derrumbada la Unión Soviética, parece que el término se ha extendido (sin connotaciones negativas) a cualquier equipo formado por tres políticos, países u organizaciones:
    “…los representantes de la “troika” (Estados Unidos, Portugal y Rusia) encargada de controlar el protocolo de paz de Lusaka, firmado en 1994 entre los beligerantes…” (La crónica de hoy, 01/04/2002, México)
    “Samper [presidente de Colombia, 1994-1998] lo nombró entonces [a Lemos] jefe del debate en Bogotá en una terna integrada con Carlos Lleras y Sonia Durán. Esa troica produjo el milagro de derrotar a Andrés Pastrana en la capital” (Revista Semana, Colombia, 1996)
    Con la aparición de la actual crisis económica, la palabra troika parece haber despertado las connotaciones negativas asociadas a imposición y peligro, que latían en el subconsciente colectivo.

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    Gramática parda

    La expresión gramática parda significa ‘habilidad o capacidad para desenvolverse en la vida o situaciones complicadas, sin necesidad de tener cultura o conocimientos teóricos’; Este es el significado que recogen casi todos los diccionarios para las construcciones “tener o saber [mucha] gramática parda”. En épocas turbulentas y de crisis siempre es conveniente manejarse un poco con la gramática parda.
    Otro sentido, aún no recogido en los diccionarios, equivale peyorativamente a ‘desviación o incorrección lingüística’.

    En el primer caso, gramática equivale a sabiduría, astucia, picardía y parda alude a la falta de cultura, pulimento o refinamiento.
    El origen de la expresión no está claro. Podemos partir de un sentido irónico (cfr. saber latín) de la antigua acepción de gramática como ‘estudio y conocimiento del latín’, fuera de las posibilidades de quienes pertenecían a las clases más bajas de la sociedad, que solían vestir ropas de color pardo. De ahí que la sabiduría y habilidad de los incultos, para triunfar en la vida viniera en llamarse gramática parda.
    No obstante, creemos que la principal motivación para calificar de parda a esta sabiduría aprendida sin estudiar no debe centrarse en el color de la ropa de los pobres. Debieron de primar las connotaciones del adjetivo pardo, que se aplica a un color indefinido (‘intermedio entre blanco y negro, con tinte rojo amarillento, y más oscuro que el gris’ [DRAE, 2001]) y a lo que es confuso o falto de claridad.
    Todo lo que es indefinido o confuso por no estar sometido a un criterio estable es susceptible de ser interpretado o aprovechado en beneficio propio, como hace quien sabe gramática parda. Lo pardo, situado entre lo blanco (con sus connotaciones de inocencia y bondad) y lo negro (con las connotaciones de culpabilidad y maldad), genera desconfianza: “de noche, todos los gatos son pardos”.
    Si quisiéramos insistir en la relación con la ropa de la gente del pardillo, no deberíamos considerar solo su color, sino advertir que era ‘sin tinte’. Como una de las acepciones figuradas de tinte es ‘artificio mañoso’, la gramática parda sería una ‘sabiduría sin artificios’.
    Suele considerarse que la expresión tiene sentido peyorativo (DRAE 1984; Dicc. Salamanca v.2013), porque, aparte de los prejuicios clasistas, se incide en el sentido de la astucia como habilidad para engañar y sacar provecho de la situación:
    “Tú eres más pillo que bonito, y a tener gramática parda no hay quien te gane. No me extraña que me hayas engañado.” (Ángel Ganivet, Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, 1898)
    “Juana Teresa es muy lista, maestra en gramática parda, en marrullerías plebeyas”. (B. Pérez Galdós, La estafeta romántica, 1899)
    “[Franco se amparaba] en el nombre de los caídos para meter de matute su propia gramática parda y desactivar cualquier ideología que le pudiera hacer competencia”. (C. Martín Gaite, Usos amorosos de la posguerra española, 1987)
    Pero no debe olvidarse que también es conveniente para no dejarse engañar:
    “…pues olfateando por todas partes abusos y desórdenes, no conseguía nunca, por su carencia de malicia y de gramática parda, poner el dedo sobre ellos y remediarlos.“ (E. Pardo Bazán, Los pazos de Ulloa, 1886)
    “…aquel viejo principio de la gramática parda que asegura la conveniencia de pensar mal para acertar, […].” (Eduardo González Ruiz, La misión del ejército en la sociedad contemporánea, 1977)
    Para escapar en situaciones comprometidas:
    “En Villar del Duque, el alcalde, un usurero ricachón con mucha gramática parda, salvó la vida declarándose conforme con el reparto de bienes”. (Valle-Inclán, La corte de los milagros, 1927)
    “¡Qué bien toreaba el Merluzo a los grullos! Los empapaba en el capote de sus palabras y los dominaba con los embelecos de su gramática parda.” (A. Díaz-Cañavate, Paseíllo por el planeta de los toros, 1970)
    Y para conseguir beneficios que en principio están vedados a quien carece de estudios:
    “Llegado a Madrid, su primera diligencia era entregar las cartas del vicario […] o el regalito del administrador; con lo cual y sus sucesivas visitas al paisano funcionario o al pariente mercader, entregábase nuestro neófito a las primeras pruebas de su curso social, de este curso que el vulgo maligno se placía en designar con el título expresivo de gramática parda; que los rígidos censores apellidaban falsa mónita, y que daba en fin al que sabía aprovecharlo el apreciado título de mozo de provecho.” (Mesonero Romanos, Escenas y tipos matritenses, 1842)
    José María Sbarbi (especialista en refranes y modismos, 1834-1910), elogió, por ello, la gramática parda de los labriegos “que vale más que la que yo aprendí y estoy enseñando” y la valoraba como sustituto de la erudición al preguntarse: “¿Quién le ha dicho a quién, que para desempeñar altos puestos, siquiera honoríficos, siquiera lucrativos, no basta las más de las veces con sólo saber… Gramática parda? (El averiguador universal, 1879).

    Expresiones equivalentes a gramática parda son lógica o filosofía parda, saber latín(locución coloquial que significa ‘ser muy astuto, agudo o hábil para engañar o evitar el engaño o para lograr cualquier fin’) y tener mano izquierda o mundología (‘experiencia y habilidad para gobernarse en la vida’).

    En los últimos años, no sabemos si por desconocimiento, mala interpretación o juego de palabras, se encuentra la expresión gramática parda con el sentido de ‘incorrección gramatical’ o ‘desviación lingüística respecto a la norma académica’:
    “Han sido precisamente los académicos los que […] han recogido y han elevado a categoría de corrección lingüística, lo que era hasta entonces gramática parda.” (Diego Armario, Gramática parda 11-dic-2009 [Consulta: abril 2013])
    GRAMÁTICA PARDA: Estas son las «académicas» normas que rigen los mensajes SMS …” (Artículo en el ABC del 3 de mayo del 2003 [Consulta: abril 2013], en el que se enumeran recursos para escribir de forma abreviada: omisión de la h, de los acentos y vocales en palabras frecuentes, reducción de expresiones a las iniciales de sus palabras, etc.)
    Este nuevo significado, en el que gramática pierde su sentido irónico no lo recogen los diccionarios aunque es frecuente en textos periodísticos.

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    Redundancia y pleonasmo

    Diferenciar entre redundancia y pleonasmo no siempre es fácil. 
    Ambos términos se refieren a la repetición innecesaria de términos; pero mientras que hablar de redundancia suele tener connotaciones negativas y se considera un vicio de expresión, el pleonasmo se considera una figura estilística. 
    Sin embargo, los límites entre ambos conceptos no están bien definidos y no resulta fácil hacer una diferenciación tajante. Lo que unos consideran redundancia, otros lo consideran pleonasmo; e incluso, algunos lingüistas afirman que se trata de la misma cosa. 
    La redundancia semántica repite el significado o semas de otra palabra a la que acompaña. Cuando la repetición no solo es semántica, sino de la misma palabra o de palabras con el mismo lexema, suele hablarse de redundancia léxica

    La redundancia, aunque es rechazable cuando no añade ningún matiz semántico, ni estilístico, especialmente en los registros más formales, puede favorecer la claridad (cuando una palabra es polisémica o su significado no es evidente para todo el mundo) o justificarse por añadir expresividad o énfasis al discurso. También es perdonable en un discurso coloquial o si es fruto de la espontaneidad. 
    El ejemplo de “un arsenal de armas” podría ser un caso de redundancia viciosa si consideramos que “arsenal”, en su segunda acepción (DRAE), es ‘depósito o almacén general de armas’, pero creemos que se trata de una redundancia desambiguadora porque “arsenal”, también es un ‘establecimiento militar o particular en que se construyen, reparan y conservan las embarcaciones […]’ 
    “Lo vi con mis propios ojos” también es una redundancia admisible cuando se quiere enfatizar y ser contundente en una afirmación de la que no se tiene ninguna duda, porque se fue testigo de ello. No es por que nos lo hayan contado, lo hayamos imaginado, ni por que estemos absolutamente convencidos, sino porque estábamos presentes cuando ocurrió. 
    El pleonasmo, en general, se valora como uno de los recursos del lenguaje poético con fines expresivos y estilísticos. El Diccionario de la Academia lo define como una ‘figura de construcción’ propia de la Retórica, porque con “vocablos innecesarios” se “añade expresividad a lo dicho”: 
    “Ciego que nada ve, ¿quiere hacer una merced?”. (Romance de La Virgen y el ciego). 
    “Ya ejecuté, gran señor, tu justicia justa y recta”. (El burlador de Sevilla, Tirso de Molina, 1613). 
     “Mal o peor has de callar la boca, que no estás en tu casa”. (Guzmán de Alfarache, Mateo Alemán, 1604).
    Asimismo, al enfatizar el sentido de la frase, el pleonasmo contribuye a fijar en el receptor la idea que interesa al emisor. Por esta razón, los políticos abusan de las repeticiones léxicas y semánticas en sus discursos. 
    Más allá del pleonasmo encontramos el datismo. El datismo es la acumulación, de términos sinónimos o muy parecidos, en una misma frase. El DRAE, en su nota etimológica, lo considera una falta (“De 'Datis', nombre del sátrapa persa que combatió en Maratón y que incurría con frecuencia en esa falta”) y lo define como el ‘empleo inmotivado de vocablos sinónimos’. Sin embargo, al no existir demasiados sinónimos absolutos, suele emplearse este recurso con fines estilísticos o afán de precisión conceptual: “Hay que buscar la victoria, el triunfo, el renombre, la gloria, la fama…”

    Ejemplos de redundancias (o pleonasmos):  (En cursiva se indican los elementos redundantes, de los que se podría prescindir)
    Completamente abarrotado. (Abarrotado: ‘completamente lleno, atestado’).
    Acceso de entrada. (Acceso: ‘entrada o paso’).
    Accidente fortuito. (Accidente: ‘suceso eventual que altera el orden regular de las cosas o del que involuntariamente resulta daño’; fortuito: ‘que sucede inopinada y casualmente, por azar’).
    El momento más álgido. (Álgido: ‘culminante’ [lo más elevado]).
    Antecedentes previos. (Previo: anticipado, que va delante o que sucede primero).
    Aterido de frío. (Aterido: ‘pasmado de frío’).
    Autosuicidio. (Suicidarse: prnl.’Quitarse voluntariamente la vida’).
    Bajar abajo.
    Base fundamental. (Base: ‘fundamento o apoyo principal de algo’).
    Beber líquidos. (Beber: ‘ingerir un líquido’).
    Bifurcarse en dos direcciones. (Bifurcarse: ‘dividirse en dos ramales, brazos o puntas’).
    El más extremo.(Extremo: ‘que está en su grado más intenso, elevado o activo’).
    Cita previa. (Cita: ‘asignación de día, hora y lugar para un encuentro’; ‘reunión o encuentro entre dos o más personas, previamente acordado’).
    Colofón final. (Colofón: ‘remate, final de un proceso’).
    Crespón negro. (Crespón: ‘tela negra que se usa en señal de luto’).
    Deambulando sin rumbo. (Deambular: ‘andar, caminar sin dirección determinada’).
    Divisa extranjera. (Divisa: ‘moneda extranjera referida a la unidad del país de que se trata’).
    Doblar (las campanas) a muerto. (Doblar [16]: ‘tocar a muerto’).
    Entrar dentro.
    Erario público. (Erario: ‘hacienda, conjunto de las rentas, impuestos y demás bienes de cualquier índole regidos por el Estado o por otros entes públicos’).
    Estafeta de correos. (Estafeta: ‘casa u oficina del correo; oficina donde se reciben cartas para llevarlas al correo general’).
    Funcionario público. (Funcionario: ‘persona que desempeña profesionalmente un empleo público’).
    En el hipotético supuesto. (Supuesto: ‘suposición, hipótesis’).
    Hijo primogénito. (Primogénito: ‘el hijo que nace primero’).
    Insistir reiteradamente, volver a insistir. (Insistir: ‘instar reiteradamente, repetir’).
    Lapso de tiempo. (Lapso: ‘tiempo entre dos límites’).
    Libido sexual. (Libido: ‘deseo sexual’).
    Mendrugo de pan. (Mendrugo: ‘pedazo de pan duro o desechado’).
    Macedonia de frutas. (Macedonia: ‘ensalada de frutas’).
    Machismo contra las mujeres. (Machismo: ‘actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres’).
    Nexo de unión. (Nexo: ‘nudo, unión, lazo, vínculo’).
    Niños y niñas de ambos sexos.
    Optimizar al máximo. (Optimizar: ‘buscar la mejor manera de realizar una actividad’; máximo: ‘límite superior o extremo a que puede llegar algo’).
    Participación activa. (Participar: ‘tomar parte [una persona] en algo’).
    Peluca postiza. (Peluca: ‘cabellera postiza’).
    Personas humanas. (Persona: ‘individuo de la especie humana’).
    Prever con antelación. (Prever: ‘ver con anticipación’).
    Propia idiosincrasia. (Idiosincrasia: ‘rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad’).
    Protagonista principal. (Protagonista: ‘personaje principal’).
    Proyectos de futuro. (Proyecto: ‘designio o pensamiento de ejecutar algo’).
    Puño cerrado. (Puño: ‘mano cerrada’).
    Repetir otra vez; volver a repetir. (Repetir: ‘volver a hacer lo que se había hecho, o decir lo que se había dicho’).
    Salir afuera.
    Subir arriba.
    Totalmente calcinado. (Calcinar: ‘abrasar por completo, especialmente por el fuego’).
    Túnel subterráneo. (Túnel: ‘vía subterránea abierta artificialmente para el paso de personas y vehículos’).
    Vigente en la actualidad. (Vigente: ‘que está en vigor y observancia’).

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    ¿Qué significa arregostarse? Según la última edición del DRAE, significa ‘engolosinarse, aficionarse a algo’ y es un verbo pronominal.
    Pero esta definición nos parece demasiado genérica y no recoge matices que se aprecian en la mayoría de los ejemplos encontrados.
    Arregostarse generalmente implica ‘malacostumbrarse’, habituarse, acomodarse a un beneficio o favor del que es difícil prescindir, y percibido como inconveniente por quien habla. Es frecuente que el provecho se obtenga a costa de otra persona, de cuyo primer favor se abusa hasta convertírselo en una obligación o carga.

    Por esto, suele ser peyorativo y aparecer en advertencias (“No te arregostes a que yo resuelva tus problemas / a llegar tarde todos los días / a que te invite…”) o en frases que implican censura o queja (“Fulano es un caradura: se ha arregostado a vivir del cuento y a que le paguen sus caprichos”; “Mengano se está arregostando a llegar tarde: todos los días tenemos que esperarle”).
    No obstante, puede encontrarse también con un cierto sentido afectivo, por influencia de “regusto”. En este caso, es frecuente aplicárselo a uno mismo (“Pero salió tan bien lo del verano pasado que me he arregostado“; “Me he arregostado a tus mimos”).
    María Moliner acierta al destacar el valor incoativo de este verbo, aunque no creemos que deba referirse solo a los placeres materiales: “Arregostarse: (Variante de regostarse) «Engolosinarse. Tomar el gusto». Aficionarse a un placer material recientemente descubierto.” (Diccionario de Uso del Español, María Moliner).
    La idea de exceso o abuso, había aparecido en antiguas ediciones del DRAE:
    Una nota etimológica, entre 1884 y 1947: “(De a y el lat. regustare, gustar con insistencia, saborear)”.
    En las ediciones de 1925, 1927 y 1950, se definió como ‘engolosinarse o empicarse a alguna cosa’ (empicarse: ‘aficionarse demasiado’).
    Entre 1970 y 1992, regostarse se definió como ‘…enviciarse [en algo], arregostarse’ (enviciarse: ‘Aficionarse demasiado a algo, darse con exceso a ello.’).
    La mejor definición de arregostarse está, según nuestra opinión, en el Diccionario de Autoridades de 1726 a través de la explicación de un antiguo refrán:
    Arregostarse: v. r. Repetir, continuar y reiterar una cosa, por haber gustado mucho de ella, o porque uno saca de ella utilidad y provecho a costa ajena. Es voz baja […]”
    Arregostóse la vieja a los bledos, ni dejó verdes ni secos” Refrán que reprehende el abuso que algunos hacen de la liberalidad y cortesía de otros: a los quales acuden con más frecuencia e importunidad, desfrutando desordenadamente sus beneficios y agasajos, hasta ponerse en términos de disgustar o apurar en algo la paciencia de aquellos que los favorecen. Otros lo entienden de otra manera; pero este parece el sentido más natural”.
    En fuentes escritas, hemos encontrado otras versiones de este refrán, en las que arregostarse puede ser sustituido por regostarse o empicarse; y los bledos por bredos o berros: “Empicóse la vieja a los berros, no dexó verdes ni secos” (DRAE, 1791, lema empicarse). Otras versiones, en el Diálogo de la lengua de Valdés y en Refranes que dizen las viejas tras el fuego del Marqués de Santillana.
    En Guadalajara y Cuenca hemos oído la expresión arregostarse como la vieja a los higos, versión truncada del refrán clásico, y que aparece en advertencias (“no te arregostes como la vieja a los higos”) y quejas (“le invité una vez y se ha arregostado como la vieja a los higos”). En esta zona también hemos escuchado otro refrán que muestra la mala fama del arregosto o arregostamiento: Es peor un arregostado que un hambriento. Se dice cuando alguien resulta molesto por abusar de un favor: el hambriento pide por necesidad y lo agradece, el arregostado parece exigirla y por su gusto.

    Por otra parte, hemos encontrado un uso transitivo (no pronominal) de este verbo, con el significado de ‘acostumbrar’ o ‘malacostumbrar’: “Has arregostado a tu hijo a darle todos los caprichos”. La RAE solo recogió este uso transitivo en su Diccionario Histórico de 1933, pero con la acepción de ‘engolosinar’ (|| Excitar el deseo de alguien con algún atractivo) y el ejemplo: “Encarecieron la cura arregostándome con buenas esperanzas” (Juan de Luna, Segunda parte del Lazarillo de Tormes, 1620).

    Desde el DRAE de 1970, parece que la Academia considera arregostar una palabra de uso general, y no incluye en su definición ninguna marca que indique delimitación geográfica, cronológica o de uso o registro. Sin embargo, hasta la edición de 1956 venía marcada como propia del registro familiar (fam.); y, para el Autoridades 1726, era una “voz baxa”.
    Nosotros creemos que no está limitada a un determinado registro de habla, porque aparece en diferentes tipos de textos:
    Lenguaje periodístico: “Zapatero, […] no se va dejando a su partido en la ruina, que para España no sería malo, sino tras un mes de vacío y arregostamiento en una trampa económica, política e institucional. (F. Jiménez Losantos, El Mundo 23-11-2011).
    Lenguaje formal: “Me disgusta mucho, porque en Puerto Rico me había arregostado a trabajar todos los días. Y se me figura que ya he perdido esa costumbre, que tantos años tardé en adquirir”. (Pedro Salinas, Correspondencia, 1923-1951)
    Lenguaje poético: “[en los montes altos] donde la nieve aún se arregosta en julio a los canchales,” (Dámaso Alonso, Hijos de la ira, 1944)
    Registro familiar dentro de una novela: “- ¿Qué esperas? ¿Que te dé algo, no? Bueno, mira, hoy es un gran día. Toma un real, pero no te arregostes, ¿eh? “ (Arturo Barea, La forja de un rebelde, 1951)
    Entrevista a un cabrero: “[El cachorro] se arregosta a ir con el perro y el día que no llevo el perro pues no va él”. (Pellagofio.com)
    En cuanto al ámbito geográfico del uso de “arregostarse”, hemos encontrado en internet, referencias que la consideran palabra propia de La Manchuela (Albacete) (1), Almería (2), Murcia (3) o Ávila (4). Según una pequeña encuesta entre amigos y conocidos de diversos lugares de España, se conoce y utiliza eventualmente en la mitad este de la península al sur de Soria-Zaragoza. (Teruel, Cuenca, Guadalajara, Madrid, Ciudad Real, Murcia…) y en Canarias; pero es desconocida en el norte del país (León, Burgos, País Vasco, La Rioja, Huesca).

    Aunque Juan de Valdés (5) se lamentaba, ya en el siglo XVI, de que hubiera dejado de utilizarse arregostar, no creemos que sea una palabra anticuada, ni muerta. Hay que reconocer, eso sí, que su uso es poco frecuente.

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